Nuestros hijos ya nacen en la era digital. Para ellos el ordenador es tan normal como lo fue para nosotros la tv. Muchas puertas se abren ante ellos y muchas dudas para nosotros, los padres, así como los peligros que sabemos que también acechan en la red.
A veces me pregunto en qué momento el PC entró en la vida de mi hija o si he hecho bien o mal en este tema, si debería haber alejado a mi pequeña de este artefacto y que lo hubiese descubierto con 10 años...
Lo cierto es que si el PC forma parte de nuestras vidas también lo formará de las vidas de nuestros hijos. Negar la realidad tampoco ayuda y es obvio que internet tiene también numerosas ventajas.
Muchas siestas, ratos de teta, hizo mi hija en mis brazos mientras yo estaba frente a la terrible pantalla.
Con el tiempo le empecé a poner algún que otro vídeo infantil para entretenerse un rato, o le daba la merienda mientras yo atendía los comentarios de los posts o mi vida 2.0 en las redes sociales.
Ella ha crecido observando lo que yo hacía frente al PC y todo ello ha dado sus frutos.
Al principio era solo teclear letras sin orden alguno, para imitar a mamá. Una vez que aprendió a leer le fue cada vez más sencillo escribir al teclado, en ocasiones me llegó a suplantar! entonces comprendí que ya no había rumbo atrás.
Al día de hoy, navega en internet buscando lo que a ella le pueda interesar, nos intercambiamos e-mails y hasta tiene una página en facebook!
Todo ello me da cierto vértigo, yo no crecí así.
Me tenía que haber ocultado a sus ojos cuando usaba el ordenador?
Sinceramente, eso me habría parecido una solución rebuscada y no factible.
Creo que la vida on line ha formado parte de su desarrollo intelectual y no creo que sea malo que los niños conozcan una realidad que formará para siempre parte de sus vidas. Eso sí, con vigilancia siempre y limitando mucho el uso del ordenador, pues la vida 1.0 es mucho más interesante.
domingo, 28 de abril de 2013
domingo, 21 de abril de 2013
Crónicas de Francia - Cuestión de modas
Inauguro con esta entrada lo que pretendo que sea una sección un tanto aparte dentro del blog, algo así como un "miniblog". La idea es plasmar en estas entradas, breves y en un tono más desenfadado, mis experiencias viviendo en Francia. La maternidad y la crianza seguirán impregnando mis textos, es natural, pero deseo tratar además algún que otro tema que pueda ser de interés o simplemente curioso para hacerlo más ameno. Y el tema de hoy no es nada habitual en este blog...
Me encantan los bebés y niños vestidos con cierto clasicismo, lo cual no está reñido con ir cómodo cuando la ocasión lo requiere y dista mucho de ser ñoño. Hace tiempo que pienso que España constituye una excepción dentro de la moda infantil. Ojeando revistas, viendo programas, hablando con gente extranjera...uno se da cuenta de que los arrullos, las ranitas, los faldones, los vestiditos de corte sastre... son raros más allá de nuestras fronteras. Y claro, eso mismo es lo que me he encontrado en Francia.
Cuando observo a los niños franceses veo que están muy lejos del modo de vestir que aún se ve en España. Nada de lazos en las niñas ni de ir conjuntados. Es todo bastante diferente! El primor se abandona en aras de la modernidad o de la comodidad. Los niños suelen ir vestidos de mayores y no de niños...Algo que a mí no me termina de gustar.
Entiendo que haya gente, incluso en nuestro país, que huya de esas prendas clásicas para sus hijos pero creo también que sería una pena que esa tradición terminara perdiéndose pues es una riqueza que tenemos y que gente que viene de fuera suele valorar positivamente.
Cuestión de modas
La moda infantil me apasiona. Es algo que descubrí cuando comencé a anhelar un bebé, me fijaba en los escaparates de las tiendas de ropa para niños, en cómo iban los bebés por la calle, cómo se engalanaban sus cochecitos...Me encantan los bebés y niños vestidos con cierto clasicismo, lo cual no está reñido con ir cómodo cuando la ocasión lo requiere y dista mucho de ser ñoño. Hace tiempo que pienso que España constituye una excepción dentro de la moda infantil. Ojeando revistas, viendo programas, hablando con gente extranjera...uno se da cuenta de que los arrullos, las ranitas, los faldones, los vestiditos de corte sastre... son raros más allá de nuestras fronteras. Y claro, eso mismo es lo que me he encontrado en Francia.
Cuando observo a los niños franceses veo que están muy lejos del modo de vestir que aún se ve en España. Nada de lazos en las niñas ni de ir conjuntados. Es todo bastante diferente! El primor se abandona en aras de la modernidad o de la comodidad. Los niños suelen ir vestidos de mayores y no de niños...Algo que a mí no me termina de gustar.
Entiendo que haya gente, incluso en nuestro país, que huya de esas prendas clásicas para sus hijos pero creo también que sería una pena que esa tradición terminara perdiéndose pues es una riqueza que tenemos y que gente que viene de fuera suele valorar positivamente.
miércoles, 27 de marzo de 2013
"Para criar un niño hace falta una tribu"
Este conocido proverbio
africano habla de lo complicado que es criar a los hijos en solitario, y es
cierto, no todo puede recaer en la madre, se necesita una red social que aunque no sea muy extensa, ampare esa crianza, que sostenga a la mamá
cuando está cansada, enfadada o agobiada. Las madres que pasan
muchas horas con sus hijos a solas saben lo duro que puede llegar a ser.
No hace falta que esa "tribu" sea una multitud, basta con un círculo de personas de confianza con la que tengamos puntos de vista comunes en materia de crianza. Básicamente la familia, abuelos, tíos, algún vecino merecedor de esa confianza, algún amigo.
Muchos padres en falta de esa tribu, se ven oligados a echar mano de las guarderías o de pagar a alguna cuidadora, cosa que me parece comprensible ya que a todo no se puede llegar, porque a veces se necesitan esos momentos de descomprensión o nos surge algún que otro imprevisto...
Mi tribu no era extensa, mi marido y mis padres básicamente y algún amigo de confianza me hicieron mucho más llevaderos los primeros años de crianza. Estoy segura de que sin su ayuda todo habría resultado mucho más complicado, no puedo ni imaginarlo.
Hoy vivo una situación bien diferente tras la mudanza porque si hay algo que ha cambiado y mucho es precisamente el arropamiento de mi tribu.
Por suerte mi hija ya no es un bebé, con sus 4 años todo es mucho más llevadero que antes, dialogamos mucho, nos comprendemos... sin embargo pasamos las 24 horas del día juntas y eso es algo que en ocasiones nos pesa a ambas.
La tribu no es algo que se improvise, se tienen que dar las condiciones, el clima de confianza necesario tanto para los padres como para los niños, la construcción de una tribu lleva su tiempo. Cuantas más vivencias se comparten con esas personas más crece la intimidad necesaria para estrechar lazos.
Aquí mi hija tiene a sus otros abuelos y otros familiares pero con ellos no tiene la confianza y la complicidad necesarias para hablar de "tribu".
Para un caso de necesidad tengo con quién contar pero se echan de menos muchas cosas que nos aportaba nuestra tribu de siempre: el tener un tiempo solo para mí mientras la nena disfrutaba en compañía de sus abuelos, el poder delegar ciertas tareas, el quedar con amigos con o sin niños, con todo lo que ello aporta...
Disfrutamos mucho la una en compañía de la otra, pero en ocasiones necesitamos como es natural tomar una distancia, aunque sea pequeña, y ahora es más complicado que antes, por suerte sigue estando el papá.
Es ahora más que nunca que puedo comprender la soledad a la que se enfrentan muchas madres y padres que no cuentan con ningún apoyo en las ciudades en las que viven.
La tribu es algo muy importante, un valor que no se debe desdeñar.
No hace falta que esa "tribu" sea una multitud, basta con un círculo de personas de confianza con la que tengamos puntos de vista comunes en materia de crianza. Básicamente la familia, abuelos, tíos, algún vecino merecedor de esa confianza, algún amigo.
Muchos padres en falta de esa tribu, se ven oligados a echar mano de las guarderías o de pagar a alguna cuidadora, cosa que me parece comprensible ya que a todo no se puede llegar, porque a veces se necesitan esos momentos de descomprensión o nos surge algún que otro imprevisto...
Mi tribu no era extensa, mi marido y mis padres básicamente y algún amigo de confianza me hicieron mucho más llevaderos los primeros años de crianza. Estoy segura de que sin su ayuda todo habría resultado mucho más complicado, no puedo ni imaginarlo.
Hoy vivo una situación bien diferente tras la mudanza porque si hay algo que ha cambiado y mucho es precisamente el arropamiento de mi tribu.
Por suerte mi hija ya no es un bebé, con sus 4 años todo es mucho más llevadero que antes, dialogamos mucho, nos comprendemos... sin embargo pasamos las 24 horas del día juntas y eso es algo que en ocasiones nos pesa a ambas.
La tribu no es algo que se improvise, se tienen que dar las condiciones, el clima de confianza necesario tanto para los padres como para los niños, la construcción de una tribu lleva su tiempo. Cuantas más vivencias se comparten con esas personas más crece la intimidad necesaria para estrechar lazos.
Aquí mi hija tiene a sus otros abuelos y otros familiares pero con ellos no tiene la confianza y la complicidad necesarias para hablar de "tribu".
Para un caso de necesidad tengo con quién contar pero se echan de menos muchas cosas que nos aportaba nuestra tribu de siempre: el tener un tiempo solo para mí mientras la nena disfrutaba en compañía de sus abuelos, el poder delegar ciertas tareas, el quedar con amigos con o sin niños, con todo lo que ello aporta...
Disfrutamos mucho la una en compañía de la otra, pero en ocasiones necesitamos como es natural tomar una distancia, aunque sea pequeña, y ahora es más complicado que antes, por suerte sigue estando el papá.
Es ahora más que nunca que puedo comprender la soledad a la que se enfrentan muchas madres y padres que no cuentan con ningún apoyo en las ciudades en las que viven.
La tribu es algo muy importante, un valor que no se debe desdeñar.
sábado, 2 de febrero de 2013
Mama Cruasán | Maman Croissant
Seguramente habéis oído hablar de un libro de crianza escrito por una
norteamericana, Pamela Druckerman, "Cómo ser una mamá cruasán", que habiendo trasladado su residencia
a Francia, se ha fijado en el modo que tienen las mamás francesas (mamás croissant) de
educar a sus retoños, en claro contraste con lo que ella había vivido en
EEUU. No he tenido el placer de leer dicho libro, tan solo he leído los
comentarios que de él han aparecido en diversas revistas, así como recientemente una entrevista en la televisión francesa, pero
puedo aportar mi granito de arena observando yo misma a las madres
francesas, que ahora tengo tan cerca...
La autora define el "cadre" (marco) como palabra clave en esta educación. El marco o lo que es lo mismo, los límites, es fundamental. Dentro del "cadre" a los niños se les da libertad para que se autogestionen, cosa que estima Pamela en contraposicón con la excesiva protección de las madres norteamericanas, pero traspasados esos límites... la autoridad, con todo lo que ella conlleva, impera.
De esta manera, según Pamela, los niños franceses juegan solos, comen de todo, duermen bien, dejando a papá y mamá disfrutar de su intimidad y su vida privada (sin niños).
He presenciado cómo muchas madres se esfuerzan en lograr que sus bebés pidan las cosas "por favor", que digan "gracias" o "perdón" en todo momento, enfadándose de lo contrario, aún cuando ni siquiera esos pequeños lo entienden...
He observado que apenas se implican en sus juegos y que suelen hacer oídos sordos a las demandas de sus niños.
Es bastante raro que las madres o padres abandonen sus trabajos para dedicarse a los hijos. Las guarderías son la regla general.
Les obligan a cumplir bastantes normas...
Por supuesto que se trata de una apreciación a grandes rasgos y sin ánimo de generalizar, pero es lo que más me ha llamado la atención, lo que más he visto imperar y doy por hecho que habrá madres francesas amorosas con sus hijos, o en la intimidad...
Todo depende de los resultados que deseemos obtener. Deseamos niños obedientes, que no protesten, que apenas se hagan notar... o por el contrario, deseamos niños felices, que confíen en sus padres, que vivan plenamente? según lo que esperemos de la crianza nos implicaremos más o menos en su crianza, seremos padres/madres a tiempo completo o adoptaremos cierta frialdad...
Quiero pensar que lo uno no tiene por qué excluir lo otro, se puede no ser una madre cruasán, y tener un niño educado y con buenos modales.
Dudo que las mamás croissant hayan encontrado la llave de la crianza perfecta. Creo que en aras de esa buena educación dejan atrás aspectos bastante importantes en el desarrollo emocional de los niños. En todo caso se verá todo años más tarde, cuando los niños se convierten en adultos.
Y vosotras, aspiráis a ser una mamá croissant o preferís el modelo norteamericano?
Lo que dice el libro en cuestión/ Las reflexiones de Pamela
La autora elogia la "educación a la francesa", pues dice que ha logrado el equilibrio justo y necesario entre la corriente de la educación respetuosa, imperante en EEUU y la vieja educación tradicional de toda la vida, aquella en la que desde una tierna edad se inculca a los niños las reglas del juego social. Según Pamela, a los niños franceses no se les ve armar alboroto, apenas tienen berrinches, en reglas generales, no se hacen notar. Observó que todo ello se debía al comportamiento de las madres francesas, que básicamente, no se dejan utilizar por sus hijos, defienden su territorio particular a capa y espada y no acuden enseguida a atender a los peques cuando estos las reclaman. Básicamente les hacen ver desde bebés que ellos no son lo único en sus vidas.
La autora define el "cadre" (marco) como palabra clave en esta educación. El marco o lo que es lo mismo, los límites, es fundamental. Dentro del "cadre" a los niños se les da libertad para que se autogestionen, cosa que estima Pamela en contraposicón con la excesiva protección de las madres norteamericanas, pero traspasados esos límites... la autoridad, con todo lo que ella conlleva, impera.
De esta manera, según Pamela, los niños franceses juegan solos, comen de todo, duermen bien, dejando a papá y mamá disfrutar de su intimidad y su vida privada (sin niños).
Lo que yo misma he observado
En la observación de las madres francesas, razón no le falta a Pamela Druckerman, es cierto que a menudo llego del parque o de la ludoteca pensando en los comportamientos y escenas que he presenciado y casi siempre me he dicho que las madres francesas son bastante más severas con sus niños.
He presenciado cómo muchas madres se esfuerzan en lograr que sus bebés pidan las cosas "por favor", que digan "gracias" o "perdón" en todo momento, enfadándose de lo contrario, aún cuando ni siquiera esos pequeños lo entienden...
He observado que apenas se implican en sus juegos y que suelen hacer oídos sordos a las demandas de sus niños.
Es bastante raro que las madres o padres abandonen sus trabajos para dedicarse a los hijos. Las guarderías son la regla general.
Les obligan a cumplir bastantes normas...
Por supuesto que se trata de una apreciación a grandes rasgos y sin ánimo de generalizar, pero es lo que más me ha llamado la atención, lo que más he visto imperar y doy por hecho que habrá madres francesas amorosas con sus hijos, o en la intimidad...
Resumiendo, son las mamás cruasán el ideal?
Criticando la visión de Pamela, he de decir que los niños franceses también tienen berrinches, se enfandan y desobecen a sus padres, faltaría más! Lo que cambia es la actitud de sus madres ante estas situaciones. En su favor, es cierto que los niños franceses suelen llamar la atención por sus buenos modales, que siempre es agradable.
Todo depende de los resultados que deseemos obtener. Deseamos niños obedientes, que no protesten, que apenas se hagan notar... o por el contrario, deseamos niños felices, que confíen en sus padres, que vivan plenamente? según lo que esperemos de la crianza nos implicaremos más o menos en su crianza, seremos padres/madres a tiempo completo o adoptaremos cierta frialdad...
Quiero pensar que lo uno no tiene por qué excluir lo otro, se puede no ser una madre cruasán, y tener un niño educado y con buenos modales.
Dudo que las mamás croissant hayan encontrado la llave de la crianza perfecta. Creo que en aras de esa buena educación dejan atrás aspectos bastante importantes en el desarrollo emocional de los niños. En todo caso se verá todo años más tarde, cuando los niños se convierten en adultos.
Y vosotras, aspiráis a ser una mamá croissant o preferís el modelo norteamericano?
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